Nadine, la oveja negra

Fuera de la bella sensación que produce conocer la elipsis que da inicio a la obra, lo que más llama la atención de Drugstore Cowboy es la diferente respuesta emocional de los personajes ante los hechos. Aunque de forma casi unánime, el grupo protagonista no funciona al unísono: hay una voz discordante. Nadine encarna este papel y por ello, aunque de una forma tamizada, debe ser culpabilizada, castigada y silenciada. Bob, el protagonista, será el encargado de ello. “A la pobre no le alcanza, no está a la altura”, remarcarán en tono aparentemente jovial Bob y Diane con el beneplácito del siempre complaciente Rick.

Sin embargo, esta afirmación que en un primer lugar parece acertada se tornará parcialmente incorrecta a medida que evoluciona la obra. La realidad no es tan sencilla y tratar de reducirla demuestra el maniqueísmo de dichos comportamientos. Si miramos al resto de personajes veremos esto más claro. Tanto la trabajadora del centro de desintoxicación como la propia madre de Bob o su vecina se comportan muchísimo más calmadas y tranquilas de lo que lo haría una persona real en sus circunstancias. También resulta parecido en el caso de los policías. Y esto sucede porque, aunque en diferentes grados, si hay algo que bañe por igual todas las imágenes que vemos en Drugstore Cowboy es la sensación de resignación. Ese es el mundo que nos presenta Van Sant. Uno en el que las personas se sienten incapaces de actuar frente a las adversidades, en el que ni tan siquiera las autoridades pueden detener los problemas que hacen sucumbir a la mayoría, que debe padecer en silencio.

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Bob

Llegados a este punto, la actitud de Nadine pasa de parecernos molesta hasta ser comprensible, y todo a costa de los esfuerzos de recriminación del grupo. Pues como bien sabemos, y como argumenta Bob, la introducción masiva de jóvenes en el mundo de las drogas, obviando el carácter dependiente de algunos, es fruto de su frustración ante la vida, su respuesta ante la resignación colectiva que domina a los miembros de la sociedad en que les ha tocado existir. Es en este sentido en el cual Bob, que en dicho momento trata de describirse o justificarse al mundo, aporta un rayo de luz sobre Nadine, ya sea consciente o inconscientemente. No es que aquella no esté a la altura del resto del grupo, sino que tiene la mala suerte de no estar totalmente resignada ante la vida. Con sus evidentes carencias, y a pesar de su escasa experiencia, Nadine es capaz de demostrar a lo largo de todos sus rebotes que, aunque muchas veces sea difícil, tenemos la complicada tarea de reflexionar nuestras opciones antes de tomar cada decisión, que no podemos aceptar lo que nos viene impuesto sin pensarlo dos veces. En fin, que aunque limitado, tenemos un cierto poder. Lo triste, después de todo, es que dicho aprendizaje le haya costado la vida. 

 

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