Hay quién lo pasó mal

“Tener la piel dura” es un prejuicio que siempre ha rodeado a los seres humanos jóvenes. Esta expresión —que los niños tienen otro tipo de piel más resistente a la de los adultos—, además de reflejar una concepción premeditada de los adultos sobre los niños, viene a servir como justificación del porqué son más resistentes a los golpes y caídas, encontronazos y contusiones propias de la vida humana.

En el extremo opuesto se encuentran los adultos agrupados en el bloque de la tercera edad —formado por jubilados, pensionistas y demás—, quienes sufren más intensamente los choques físicos y, en consecuencia, son propensos a lesionarse de gravedad.

En La piel dura (1976, Truffaut)titulada originalmente L’argent de poche— el director se ríe de este prejuicio, desmontándolo de la manera más explicita posible, a la vez que da pie a que cale su reflexión. Cuando el niño cae desde la ventana de su casa, situado en lo alto de una finca de apartamentos, y no sufre ni un rasguño —y ni siquiera llora—, lo que nos esta diciendo esta obra es que gran parte de las concepciones que como adultos tenemos de los menores no son ciertas, que opiniones como la de que “con diez años la vida era mucho más sencilla” no son totalmente verdaderas y están bañadas en el cinismo que desarrollamos al “crecer”.

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Ejemplos de chavales como Patrick —con un padre inválido y sin madre— o de Julien —que vive soportando palizas y malos tratos de su madre— muestran como esta vida sencilla no siempre existe. Igual que hay personas que tuvieron una infancia fantástica hay quién lo pasó mal. Y eso ocurre a día de hoy.

Asimismo, gracias a secuencias como la caída de Gregory la obra es capaz de introducir reflexiones sobre el medio, sobre el cine. Al ver como el niño esta a punto de caer, como espectadores solo podemos pensar lo peor, esperando que, a ser posible, la madre sea capaz de llegar a tiempo para salvar al pequeño. Sin embargo, cuando la desgracia sucede, lo que Truffaut hace es jugar con nosotros, ponernos contra las cuerdas al plantear un suceso que juega con el dilema provocado por la dicotomía existente al entender la obra cinematográfica como relato-ficción frente a la realidad. 

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Gregory, segundos antes de caerse por la ventana de su casa

Por último, es necesario mencionar el guiño de Truffaut al futuro de la sociedad francesa. A través del profesor, el director emplea su discurso de despedida de las clases para explicarles los cambios que les depara el siguiente curso —“el año que viene la escuela además de pública, gratuita y laica será mixta”—: habrán chicas. “La escuela francesa se moderniza”, nos dice, “y con ello, la sociedad”. Porque ¿qué puede ayudar más en el camino a la igualdad que integrar a las mujeres en el sistema educativo del que han estado tradicionalmente excluidas? ¿qué puede dotarlas de mayor independencia?

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