¿Existe el artista comprometido?

Barton Fink no entiende al hombre común. Y esto ocurre porque no hay un interés por su parte de conocerlo, sino entendería la realidad de su vecino de planta —que es una persona real como las que se dedica a describir—.

A pesar de los numerosos esfuerzos por Charlie comunicarle las dificultades de su vida a Barton —no consigue firmar los contratos necesarios y, en consecuencia, tiene un salario bajo, tiene largas jornadas laborales…—,  éste solo es capaz de absorber los rasgos más superfluos y banales que le caracterizan, sin profundizar en su persona ni en su día a día, tomándolos como punto de partida de sus desvaríos, de sus reflexiones vitales.

Cuando en su habitación Charlie le dice lo difícil que le es conseguir que sus posibles clientes le firmen un seguro Barton le responde con falta de atención y con una reflexión retórica sobre el papel del escritor como anotador de la realidad, como testigo de ella —“¿Sabes?, en cierta forma te envidio. Sabes lo que se espera de ti. Mi trabajo consiste en sondear las profundidades. Dragar algo de adentro, algo honesto.Y tengo que decirte que la vida de la mente…No hay mapa para ese territorio. Y el explorarlo puede ser doloroso”— y lo hace con una condescendencia pasmosa propia de los intelectuales que, en su “focalización sobre la realidad del hombre medio”, precisamente le deja de lado.

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Barton conversando con Charlie

En suma, la grandeza de la cuarta obra de los Hermanos Coen es dibujar el perfil del escritor comprometido socialmente. Y así, a la vez que describen el bloqueo del escritor como el principal problema de la profesión también declaran que, en algunos casos, ese compromiso no es más que una farsa: no hay contacto alguno entre el escritor y sus sujetos en cuestión —como los periodistas que hablan de los estibadores sin haber ido nunca a un puerto—. Es por eso que el personaje de W.P. Mayhew tiene relevancia en la obra pues, a pesar de las diferencias que hay entre él y Fink —de trayectoria, fama, edad…— ambos comparten un defecto que los caracterizan como profesionales: no se acercan a los hechos.

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W.P. Mayhew y su esposa, Audrey Taylor

De esta forma, lo que los Coen remarcan a lo largo de la obra —pero concretamente en la escena final en la playa, cuando Fink ve en persona a la mujer que representaría el  cuadro de su habitación— es que es difícil dar forma al arte si no lo vives, que no se puede escribir sobre la realidad del “hombre medio” desde tu escritorio del hotel. Hay que mojarse. Pues, ¿que valor tienen las obras artísticas si se mantienen en la superficie —y se dedican principalmente a entretener, con el coste que sea necesario—, si no introducen reflexión alguna sobre nuestras vidas? ¿acaso podemos considerarlas arte?

 

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Barton Fink 

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