Avanti!, como legitimar la desigualdad

Hombre casado conoce a chica soltera y joven. Hombre casado está agobiado de su vida matrimonial y del conformismo rutinario que ésta conlleva. Mujer, gracias a su joven edad, todavía disfruta de la imprevisibilidad de la vida y es independiente; esta llena de vida y alegría. Mujer y hombre se conocen por motivo A o B y mujer se enamora locamente de éste. Hombre, en cambio, se enamora de todo lo que representa esta mujer. Tras una serie de directas visualiza la situación, se lanza al ataque y logra llevársela a la cama.

Ya tenemos romance moderno descrito —machista sin duda alguna—.

En ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? Billy Wilder lo justifica presentándonos a dos personajes —el hombre es un exitoso hombre de negocios, estadounidense, tremendamente religioso y padre de familia; la mujer una joven inglesa que trabaja como dependienta de una tienda de Londres y es soltera— que se conocen por causas superiores a sus control: la muerte de los progenitores de cada uno.

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Los protagonistas visitando la morgue donde residen los cuerpos de sus padres

Avanti! —como fue titulado originalmente dicho filmplantea, dentro de este ideario tradicionalista numerosas ideas bastante sugerentes sobre la realidad de hoy día, realidades a las que todavía se han de enfrentar las mujeres. Entre todas encuentro dos ideas sobresalientes.

En primer lugar, obviamente encontramos la justificación de la infidelidad en el matrimonio —siempre desde el lado masculino—.

En segundo lugar la aceptación sin tapujos de Kate de ser objeto de entretenimiento y deseo sexual masculino. “No es que sea feminista ni nada así. No me importa que me traten como un objeto sexual…pero es como cualquier otro juego. Hay que seguir las reglas o si no, no es divertido” dice Catherine en la suite del ejecutivo cuando se entera del cambio de planes provocado por el asesinato de Bruno en su habitación.

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Cuando escucho esas palabras me digo a mi mismo “menuda estupidez, ninguna mujer desea eso. Además, es insultante siquiera que alguien lo sugiera, seguramente fue un hombre quien escribió ese guión”, pero luego pienso, “no, eso lo digo yo ahora, en el siglo XXI. El contexto es diferente, ahora ya sabemos cuando algo es machista, ahora lo señalamos claramente”.

Algunas y algunos lo hacemos, otros muchos lo rechazan o hacen como que lo ignoran, que no lo entienden. Y digo esto porque, a diferencia de la mayoría de los casos, he visto esta película en la calle junto a decenas de personas en el cine de verano. Lo digo porque mientras yo pienso lo que pienso la única respuesta que acompañó a los mensajes difundidos por Jack Lemmon —el actor que interpreta a Wendell Armbruster Jr.— son risas enlatadas, como si de un show se tratase.

Es triste saber que obras con un comentario tan retrogrado, simplificador y machista como esta película pueda ser ocultado en clave de cine de barrio y se tenga en cuenta como una obra clásica y no se la juzgue con su debido criterio. También, ayuda a comprender porque, entre otros factores, hay mujeres que no quieren saber nada del mundo de las artes y porque siguen las tradiciones –casarse, tener hijos, quedarse al cuidado de ellos, etc– de nuestra época sin oponer la más mínima resistencia.

No podemos exigirles modos de comportamiento —autonomía de decisión, sentido crítico, etc— si nos dedicamos a elevar a la categoría de obras maestras —obras que sean necesarias de recordar y visionar— películas que, de haber sido producidas en nuestro tiempo habrían sido tachadas de misóginas y machistas al igual que el cuñado del bar.

No podemos exigirles voluntad de cambiar las cosas si cualquier cosa que hace una mujer esta juzgado con superioridad y paternalismo y el comentario más amable que proyectamos desde las altas instancias de la cultura es una concepción del cuerpo femenino como instrumento al servicio de nuestro deseo sexual. Que el hombre del cual eres amante te diga “pierde medio kilo, solo medio kilo…y se acabo entre nosotros” no es una recomendación o un consejo, es una instrucción, una orden de comportamiento hacia esa otra persona sobre la cual ese sujeto enunciador es superior. Wendell Jr. —al igual que su padre previamente— no solo esta enamorado de su amante, es dueño de ella. Mientras esa relación siga la vida de Pamela dependerá de complacer a su amado.

Pero la gente esta conmovida, suena considerado por parte de Jack Lemmon. Ya nos han vendido el amor romántico. Qué triste.

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