Patrick Bateman, un ciudadano encadenado

El personaje de Patrick Bateman es una de las mejores aproximaciones del cine hacia el canon del hombre moderno: es un varón, blanco y heterosexual, con una salud perfecta y una titulación universitaria que, gracias a su red de contactos, le ha facilitado tener un trabajo muy bien remunerado como hombre de negocios. Proveniente de la alta sociedad, es un hombre modélico, uno de los principales representantes de los valores de las sociedades modernas y avanzadas —neoliberales—.

Su percepción del mundo esta condicionada por su riqueza material, que valora como el objetivo último de los seres humanos y como el principal legitimador de su sistema de valores. En su interior Bateman piensa que él y los de su clase tienen dinero porque estaban destinados para ello —o porque son los más capaces de administrarlo— y que sus bienes —su vivienda y su nivel de vida— son los que les hacen únicos. Además, sabe que unido a sus bienes su fachada —es decir, su aspecto— es lo necesario para ser aceptado socialmente. 

PAT. BATEMAN

Patrick Bateman

El problema de Bateman llega cuando al observar a los que le rodean, a quienes siempre ha considerado genéricos, superficiales —todos hablan y piensan lo mismo sobre los mismos temas— no son tan distintos a él. Al ver como cualquiera de sus compañeros de profesión —a los que mantiene como colegas por pura convención social— puede  sustituirle adoptando su apariencia —llevar sus trajes, escuchar su música, tener el mismo estilo de peinado, etc— comienza a enloquecer al comprender su falta de autonomía dentro de la sociedad de masas. Y esto sucede así porque comprende que lo que le identificaba —la ropa que viste, las cosas que posee, su aspecto…— y que él creía que configuraba su individualidad no es más que un reflejo de su clase social y estilo de vida, y es fácilmente reproducible a la vez que superable.

En este sentido, la locura de Bateman tendrá lugar al adquirir consciencia del nulo control que tiene sobre su vida y comprender que ésta ha estado dictada por los convencionalismos de su sociedad, y, en consecuencia, entender que él es como es debido a la época que le ha tocado vivir —la sociedad norteamericana de finales de siglo— y la familia en la que ha nacido.

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Por eso, su violación, tortura y asesinato de inocentes no se comprende como únicamente violencia, sino que estas actuaciones contienen una declaración de intenciones: son un ejercicio del protagonista para tratar de recuperar su autonomía, para demostrarse a si mismo su poder sobre el resto.

Así el asesinato de Paul Allen, su compañero de profesión y principal competencia dentro de la empresa, se convierte en el detonante de esta nueva faceta de Patrick, que rompe su comportamiento modélico y a raíz del cual comenzará a cometer asesinatos cada vez más impulsivos contra lo que, ante sus ojos, parecen los principales representantes del vicio de la sociedad —prostitutas tanto callejeras como de lujo, mendigos…—.

Y en este ejercicio de introspección observamos —en su caso descubre— que es el dinero la herramienta que posibilita que todos esos actos no tengan consecuencias, lo cual pone el dedo en la llaga sobre la paradoja que el comportamiento del protagonista representa y sobre la que se basa la narración —en público es una persona aparentemente equilibrada, mientras que en privado tiene un comportamiento irascible e irracional a la par que infantil—.

En suma, la escena final remarca que, en el mundo en que vivimos, un pequeño grupo de personas privilegiadas —aquellas que generalmente representan los valores canónicos de nuestras sociedades: riqueza, pulcritud, formación académica, diplomacia, etc— tienen la posibilidad de incumplir las normas sociales/morales compartidas y actuar en beneficio propio —lo cual contradice los valores básicos de convivencia. Igualdad jurídica, por poner un ejemplo— sin la menor consecuencia y nos ayuda a comprender porque estos individuos viven tan alejados del ciudadano común —lo cual experimentamos en la primera escena al escuchar a uno de los amigotes de Bateman decir en tono burlón que la cena solo había costado 570 dólares—.

PSHYCCCOCOO

 

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