El individuo con el don extraño

Born to be blue nos habla de la industria de la música y, al igual que Miles Ahead (Don Cheadle, 2015) hizo con Miles Davis, lo hace mientras nos describe un personaje tan emblemático como fue Chet Baker. Mientras que en la obra dedicada a Davis se da mucha importancia sobre como los negocios que existen tras los discos afectan a un género musical tan orgánico como es el Jazz, en esta película se pone el foco donde convergen todas las miradas: en Baker, en sus defectos y sus grandezas, que fueron muchos, si cabe decirlo.

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Chet Baker en plena acción

Por eso, para la construcción del personaje los productores tocan todas las teclas y, en ese sentido, Ethan Hawke es el adecuado para el papel. Uno a uno, el interprete da vida a los tópicos o rasgos más reconocibles de Baker —elevada sensibilidad, honestidad, inseguridad, humildad, cercanía…—  rasgos que, una vez presentados se van repitiendo una y otra vez, construyendo para nosotros un recorrido más o menos aproximado a la realidad del protagonista —éxito profesional y personal, miedo a perderlo, caída en la drogadicción, rehabilitación, recaída, pérdida de la relación, de su estatus profesional…— y de los que le acompañaron.

Y su labor es increíblemente efectiva porque, a los conocedores de su música, de su carrera y de su fama —y también a los desconocedores—, gracias al empleo de atrevidos primeros planos frontales y contrapicados —y a raíz de un empleo de la cámara que podríamos calificar de inquisitivo— nos situamos muy cercanos al protagonista desde el principio, nos identificamos con él. Por eso, a pesar de ser muchas veces inevitables, nos responsabilizamos de sus derrotas, pues nos damos cuenta de que su compromiso con la música era total, era su centro de gravedad. Hacía música por el placer de hacerlo, no como medio para un fin superior.

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Esa pasión desinteresada por la música es lo que nos hace fans, saber que su principal pasión es, a la vez, el origen de donde nacen todos sus males. El plano de detalle de la  trompeta en la primera secuencia ya habla de eso: para Baker es “la trompeta o nada” —como le dice a Jane en su conversación en el piso—. El ser músico le sitúa frente a la sociedad en lo más bajo, como un “holgazán y un vicioso”, como dirían algunos, sin embargo, la música es su única manera de mejorar y poder reconstruir su vida, ya que, como le dice Jane, ha sido “bendecido con un don extraño” que pocos poseen y que todos desean, tanto para disfrutarlo como para explotarlo.

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